domingo, 1 de noviembre de 2015

Sancho en Aljube

No llegué a tiempo a Aljube, supongo que por fortuna. Sí nací a tiempo para visitar las abigarradas estanterías de la Fundação José Saramago en la lisboeta Casa dos bicos. Y me atreví a ocupar su íntimo y dignísimo espacio por una media hora con mis propias palabras. Por fortuna de nuevo, aquellas mis palabras no eran tanto mías, sino que hilvanaban palabras no diré más altas por valientes, sino por necesarias. Versos de Gomes Ferreira, Torga, Dionísio, Celaya y Saramago. Clamores de todos los habitantes de Aljube, de todos los Sanchos que soñaron con la revolución en Barataria. Y de otros rincones hablamos allá aquel otro grupo de íntimos desconocidos: de la Cuba de Batista y de Castro, de la Argentina de Videla, y de una guerra y un exilio mal contados. No, no es la que se imaginan. Pero para esa ya buscaré otro lugar menos feliz, otro espacio más callado.
 

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