viernes, 13 de noviembre de 2015

Glorias de Zafra

Le tomo el título prestado a un zafrense amigo de la casa como Miguel Ángel Lama. Conocía Zafra, conocía -conozco- a mucha buena gente de aquel destello de palabras encaladas derramadas no lejos del Bodión. No conocía, sin embargo, uno de sus institutos de educación secundaria, el Suárez de Figueroa. El miércoles anduvimos por allí recibiendo y presentando el García de la Huerta y mi Ciudad de oro y plomo, respectivamente. De Cáceres a Zafra y de Zafra a Cáceres sin escalas ni intermediarios. Sin intermediarios -de esos que sobran, según uno va sabiendo, en algunos otros premios-, pero con unos anfitriones insuperables. Porque de ellos va esta entrada: de las glorias de Zafra, no de las mías. Desde su franco director a su granado departamento de Lengua y Literatura, sin olvidarme de alumnos, padres y demás asistentes, gracias a todos ellos no pude sentirme más cómodo en aquel centro que cuenta por miles sus alumnos diurnos, vespertinos y nocturnos y que, como buen corazón de una ciudad, nunca duerme. Palabras propias merecen Gema y José Carlos -Pepeca, como todos por allí le llaman-, alma y músculo de este Premio que anuncia ya sus bases, por cierto, para su próxima edición. Viendo todo aquello, uno se explica muchas cosas, uno entiende mejor por qué sale tanto talento de aquella Zafra grande que no es plaza chica.


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