viernes, 23 de enero de 2015

Além do Tejo

Tenía una deuda pendiente desde mediados del año pasado, cuando callejeé por las calurosas y nacaradas calles de Évora -mitad turista, mitad habitante- con un Alentejo que no se cansa de guiñarme un ojo cada vez que miro al oeste. Fueron sus ruas, y el paisaje que menudea, entre peaje y peaje, acá y allá de la Raya, quienes me empujaron al pretencioso experimento de ensayar mis versos en otro idioma. Fue así como logré sumar seis poemas -el eco es lorquiano más que taurino- en una lengua extranjera, que no extraña. Mi limitado conocimiento de ella, pero quiero pensar que también su distinto timbre, su particular aliento, me llevaron a escribirme de otro modo.
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Es el curso del Tejo, ese río que con otro nombre me enardece en Toledo y que allá en la ciudad dicen que de Ulises me derrama sobre el horizonte ajeno, el hilo de esta materia, desde una frontera con rumbo de acueducto, en la que habito, a los esteros donde los golfinhos beben la espuma empedrada al pie del puerto de Setúbal.
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Quise que no terminara el año que ya pasó sin dar a la estampa una pequeña, humilde y casera plaquette. En el camino, la lectura compinche de Sandra, las observaciones lingüísticas de Laura Bernal, cuyo impecable portugués avala mi ensayo, y la inestimable colaboración gráfica de Miguel Muñoz Ayllón. A todos ellos gracias. Cumplidos hoy todos los procedimientos legales de registro y depósito, puedo dar ya por alumbrada esta pequeña ofrenda poética al país vecino.

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