lunes, 29 de septiembre de 2014

Pasaba por aquí

No se sorprendan, Federico también me acompañó en mis paseos alentejanos. De la mano de Namorado, de Torga, de Andrade, de Casais Monteiro. Ya me había acompañado Federico por la llovida Santiago, un junio que ya ha pasado por dos veces. No hace falta decir que en mi prestada Granada también fueron sus ojos de niño anciano mi itinerario más certero. A Federico le debo el descubrimiento de la poesía hace un par de décadas, como quien dice. Pero en estos pocos meses sonámbulos de autor editado y despistado la vida me ha giñado más de un beso con ademán lorquiano. Alto patrón inmerecido es siempre Federico. Mas no me achanto, y sueño con merecerle a cada paso. Allá vaya otro guiño inesperado e inmerecido.


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