sábado, 12 de abril de 2014

Tragando luz

En algo se equivocó Buero. No serán los hombres del siglo XXII más sabios. Lo sé cuando miro sus miradas anhelantes, decepcionadas, ladinas, sádicas, morbosas, egoístas, distraídas o avisadas. Las mismas miradas de aquel andén con salida a mil novecientos treinta y nueve, de aquel andén con dos siglos de retraso acumulado. Las veo en los andenes de dos mil catorce, en las bancadas de sus aulas, en las listas de sus esperas. No, ni somos ni seremos más sabios. Recorto el retrato carcelario de un libertario para decorar mi celda y me pregunto quién soy yo. Quién soy yo para enmarcarlo. Para marcarlo. En las tijeras la punzada de una pregunta me habita. Y me pregunto. Y no me doy respuesta. Porque yo nací mucho después de que Buero fuera encarcelado. Mucho después de que aquel tragaluz deslumbrara un tabú susurrado a voces por cuarenta años. Incluso, nací mucho después del tiempo de los héroes, de aquellos días de diarios ensangrentados con la dignidad de quien se pregunta. Nací incluso después de aquel siglo XXII de Buero Vallejo. Y pude constatar lo que no fuimos y lo que no somos. No seremos más sabios.

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