jueves, 24 de noviembre de 2011

Paso a paso

A la mañana siguiente solo conservaba una de sus zapatillas... Esperen, no les voy a contar la vieja historia de la Cenicienta. Aquí no pasa nada porque el reloj toque más allá de las doce. Diría incluso que no pasa nada porque toquen las siete y media sobre el cielo aún somnoliento de Cáceres. Aquí no hay dramas ni despedidas. El príncipe prepara oposiciones a ciudadano y la princesa aprende idiomas por las tardes para trazar con él un mapa del mundo.
.
Y sin embargo, de vez en cuando (más a menudo de lo que piensan), les sucede algún milagro, algún hecho mágico difícil de contar en pocas palabras. Así lo supo él cuando despertó aquella mañana en que solo encontró su zapatilla izquierda. Debía acudir raudo a la Sección de Solicitudes para Instancias Oficiales Destinadas a Peticiones formales del Servicio Administrativo... ya saben, esas cosas que hacen los príncipes hoy en día para vivir del cuento. Solo contaba con una de sus zapatillas y no podía salir de esa manera a la calle. Finalmente encontró la solución debajo de la cama, ese lugar donde el universo se acuesta cada noche para hacernos compañía. Al fondo de aquel hueco ignoto encontró un zapato derecho de la princesa. Llevaba un dibujo nada varonil y vivos colores que contrastaban con su anodino pie izquierdo. La princesa debió de confundirse en la oscuridad de la madrugada con su zapatilla derecha. Sin embargo, el príncipe no lo dudó un momento y tomó así mismo las calles.
.
El espectáculo era curioso. Salió el principe con la solemnidad de siempre, aspirando el aire de la ciudad con porte nobiliario y mirada firme. No titubeó porque un monigote de vivos colorines ornamentara su pie derecho. Puso toda su magestad en el asador, orgulloso de haber mezclado sus pasos con los de su princesa en mitad de la noche. La gente con la que se cruzaba no podía dejar de mirarle los pies. Pensarán quizás que nuestro príncipe opositor iba haciendo un tanto el ridículo. Él no lo sentía así. Cuando los transeúntes inclinaban la cabeza hacia sus pies para mirar el espectáculo insólito de sus seguros pasos, pensaba: "todos inclinan su mirada ante mí, debe de ser que ya me falta poco para ser príncipe".

Cáceres, noviembre de 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.