miércoles, 9 de noviembre de 2011

Barriendo lluvias

Las mañanas en que llueve, proliferan como hongos los barrenderos de la ciudad. Los faros de mi automóvil lamen el asfalto mojado y reluciente mientras las calles me miran más frescas y limpias, como si se acabaran de lavar la cara para ir al trabajo. Resulta pues paradójico que sea en estos días de lluvia cuando un ejército de barrenderos reflectantes, con sus cabezas cubiertas por la capucha del uniforme para protegerse del constante diluvio, se lancen a las aceras para barrer la lluvia. Tal vez traten de ordenar su hermoso desastre. A mí, de todos modos, no me parece tan extraño. Nunca supe llorar de tristeza. Siempre de alegría. Yo sé muy bien lo que es barrer la lluvia en las mañanas en que uno no llega a fiarse de que el mundo pueda ser tan bello, tan limpio. De que realmente me ames y vayas a estar siempre a mi lado.

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